Un punto de inflexión en la historia hondureña
Por Rocío Geraldine Dondonei
Xiomara
Castro es la primera mujer presidenta de Honduras, una nación marcada por la
pobreza, el narcotráfico y la corrupción. Se presentó en las elecciones de 2013
y 2017, y la tercera fue la vencida: asumió el 27 de enero de 2022, luego de 12
años de dictadura. Obtuvo el apoyo de la ciudadanía, las fuerzas de seguridad y
sus pares de otros países. Algunos la consideran la émula de Cristina Kirchner, quien fue una de las primeras en felicitarla.
Nació
el 30 de septiembre de 1959 en Tegucigalpa, en el seno de una numerosa familia
trabajadora. Es licenciada en Administración de Empresas y se dedicó a ese
rubro en negocios familiares de ganadería, madera y cultivos. Es evidente que
la familia es uno de sus pilares más importantes. De hecho, en sus redes
sociales se define primero como “madre, abuela y esposa” y luego como “Presidenta
Constitucional de la República de Honduras”.
Se inició en la política en la Asociación de Esposas de Miembros del Rotary Club de Catacamas, donde fundó el Centro de Cuidado Diurno para Niños. También organizó la rama femenina del Partido Libertad y Refundación (LIBRE). Siempre trabajó a la par de Manuel Zelaya, su marido, el expresidente del cual es sucesora y con quien tuvo 4 hijos. Poco a poco fue afianzando su liderazgo, mediante la lucha y la persistencia.
Es acusada de ser “comunista” y de generar desconfianza en el mundo empresarial, así como también se comenta que es un “títere” de su esposo. Ella se defiende de esas críticas desde una perspectiva feminista. Además, dice que quiere forjar un modelo “socialista-democrático”. Hasta el momento, cumplió parcialmente con sus propuestas de gobierno.
Su color característico es el rojo. Un rojo
que, para muchos hondureños, representa la reconstrucción de la esperanza y la
confianza en la posibilidad de construir un país mejor.

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