Vivir siendo Trump (OSO)

Por Priscila Ramírez




 

  Donald Trump es un personaje tan político como mediático. Su amplia trayectoria está cargada de una impronta que hace imposible separar su vida personal de la profesional. Su paciencia es escasa como las oportunidades que ha dejado en Estados Unidos después de su presidencia y su ego tan alto como la torre que construyó en el centro de Manhattan. Donald es poseedor de una seguridad envidiable, en sus discursos ha repetido más de una vez que es representante del sueño americano, pero ¿es así?

  El hombre de la cabellera extremadamente rubia y bien peinada no conoce de obediencia, por eso mismo fue enviado por sus padres al Colegio Militar a los 13 años. Su estadía no fue muy efectiva, ya que seguir reglas nunca caracterizó al narcisista empresario. Por eso, trasladó sus ideas a todas las plataformas que tuvo a su alcance como la creación de un juego de mesa con el nombre de su imperio, un reality show o ser director ejecutivo y accionista de Miss Universo.

  Ha sido tapa de los diarios más importantes y ha revolucionado al mundo entero con dichos desafortunados hacia las mujeres y otras culturas. Hasta anunció el levantamiento de un muro en la frontera con México para evitar conductas ilegales o denegar el paso de musulmanes y posibles ataques terroristas en su tierra. Sus violentas declaraciones obligaron a Twitter a bloquear su cuenta, hecho que le importó muy poco porque creó la suya. Su comportamiento solo despierta incomprensión y bronca, porque nadie en su sano juicio podría ser un tramposo y vivir sin culpa.

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