La disconformidad social como motor para continuar: rechazo a la Nueva Constitución Chilena
Por Rocío Geraldine Dondonei
En estas últimas semanas, a raíz de lo sucedido en el país vecino, muchos nos enteramos de que la actual Constitución chilena fue escrita en 1980 durante la dictadura de Pinochet. Andrés Velasco, ex ministro de Hacienda, sostuvo en una entrevista que casi el 70% de los y las chilenas coinciden en que es necesario cambiar la Constitución vigente. No obstante, el problema fue el contenido de la nueva propuesta: “Es largo, confuso y no resuelve su principal cometido, que es dejar claras las reglas para una buena política”, alegó.
El nuevo texto tenía una fuerte presencia de reivindicaciones feministas, como el reconocimiento al trabajo doméstico y de cuidados, los derechos sexuales y reproductivos y un cupo del 50% de mujeres en todos los órganos del Estado. También reconocía la instauración de un sistema de seguridad social público, la desprivatización del agua y la creación de un Estado plurinacional que respete y reivindique a los pueblos originarios. A pesar de su carácter progresista, fue ampliamente rechazada.
Una de las razones por las que gran parte de
los chilenos estuvo en desacuerdo fue que el documento tiene varias inconsistencias y algunas de las propuestas deberían ser un proyecto de ley más que
un artículo constitucional. Además, quienes están en contra sostienen que su
aprobación dividiría aún más a la sociedad, puesto que consideran que fue
redactada desde la rabia del estallido social de 2019.
En el discurso del presidente Gabriel Boric tras el rechazo, aseguró que el malestar social
sigue latente. Por ende, a partir de ahora, el gobierno de Chile tiene un
desafío: trabajar con más empeño y más diálogo para hacer una Constitución que
logre el apoyo de la mayoría de sus ciudadanos.

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