Flor Navarro: 'La política es una herramienta, pero el motor es el amor'

 Por Rocío Geraldine Dondonei

 

 

   Florencia Navarro es la presidenta de la Asociación Civil “Biblioteca Popular Nora Cortiñas”, ubicada en el barrio Antártida Argentina, al noroeste de Paraná. Tiene 29 años, nació un 22 de octubre en el departamento Concordia, Entre Ríos, pero se vino a vivir a la ciudad en 2011 para estudiar Psicología en la UADER. Hoy también trabaja en la Subsecretaría de Políticas de Género y Diversidad de nuestra ciudad.

  Los inicios de su militancia se dieron en el tránsito por la facultad, al rodearse de ‘compañeros y compañeras’, sobre todo de la carrera de Trabajo Social, que eran activistas y se movían por diferentes causas. La práctica de encontrarse en las plazas a conversar y debatir fue el impulso que dio nacimiento a su convicción política.

 A pesar de que su carrera es “muy psicoanalítica”, en los últimos años cursó materias que le despertaron interés por lo comunitario y la llevaron a acercarse a instituciones, dispositivos y organizaciones, a través de las cuales descubrió su potencial en el ámbito social. A su vez, le abrió muchos panoramas y le otorgó las herramientas necesarias para trabajar en terreno.

   Escribir proyectos, gestionar recursos y organizar diversas jornadas fueron algunas de sus tareas, además de poner el cuerpo en el territorio, que para ella es muy importante. En 2015, al interior de un movimiento social, propuso una ‘instancia de formación militante’. “Había muchas personas que sólo estaban por estar o por necesidad también, es una realidad, porque necesitaban la plata del salario social… a mí me angustiaba eso”, asegura y agrega: “Pero pensé que esto pasaba porque no hay instancias de formación, no hay una explicación del por qué estamos acá, porque conversaba con muchos a los que sí les interesaban realmente las luchas y las apoyaban, pero no lo tenían como primera opción”.

  En un momento dado, su mamá y su papá le empezaron a decir ‘la peroncha’, lo cual le causa gracia porque fue como una determinación. Descubrirse peronista y kirchnerista fue un proceso que vino después de ese apodo familiar, cuando se dio cuenta de que dicha identidad política constituía todo lo que ella ya estaba haciendo. “Si estar a favor de ciertas luchas y defender derechos es ser peronista, entonces soy peronista”, dice entre risas.

 

 

  Al interior de su casa en el barrio San Agustín, con un café en la mano y uno de sus gatitos dando vueltas en busca de mimos, cuenta que muchos de los que hoy integran ‘la Biblio’ son compañeros y compañeras de esos años de ‘rosqueo’. Conoció el Antártida Argentina en 2018, un contexto muy complejo de crisis económica donde predominaba el individualismo producto de las prácticas neoliberales. Allí conformaron la Biblioteca Popular Nora Cortiñas, ubicada en Vicecomodoro Marambio e Islas Orcadas del Sur.

  La ‘biblio del amor’, como le llaman sus integrantes (que en ese entonces eran alrededor de diez) surge como trinchera de lucha. “Encontrarnos y acompañarnos fue todo”, afirma. En un principio, las ideas que tenían en relación a espacios que los conecten con la comunidad, se decantaron en hacer una biblioteca. Ésta nuclea varios aspectos que les parecen importantes trabajar, como el acceso a la cultura, la democratización y la colectivización de las lecturas. Siempre fue pensada en movimiento: sacaban libros con ciertas temáticas que querían abordar y los ponían en circulación a través de actividades lúdico-literarias.

  La biblioteca siempre estuvo integrada, en su mayoría, por estudiantes avanzados de carreras de Humanidades y Ciencias Sociales. Como eran épocas difíciles y varios estaban sin laburo, en las reuniones no sólo planificaban las actividades y talleres para los vecinos, sino que también se juntaban a comer. Cada uno llevaba una verdura y hacían un guiso popular. Esa fue una de las cosas que más los unió, porque resistieron juntos y les dió la potencia de seguir. “Si no hubiesen estado ellos no sólo no existiría este proyecto sino que yo tampoco hubiese seguido estudiando”, exclamó, sin poder evitar lagrimear de emoción.

    Flor mira hacia atrás y no puede creer todo lo que hicieron como organización. “La biblio es cada une de nosotres”, dice orgullosa. Escucharla hablar es como tejer una red con la imaginación: jamás habla de forma individual, se reconoce constantemente en procesos y acciones colectivas, comunitarias, colaborativas y diversas. Para ella, la política “son las prácticas que uno reproduce de acuerdo con sus ideales y convicciones”.

   A pesar de no haber nacido acá, se enamoró del barrio y se identifica con él “por ser militante del campo nacional y popular”. Eso le permitió generar un vínculo con el territorio y con las personas que lo habitan. Incluso en los tiempos donde no tenían nada, donde sólo podían poner el cuerpo y jugar con los gurises en la calle, donde volvían a sus casas después de las jornadas sabiendo que la gente estaba pasando hambre y dolor, ella insistía con llevar alegría al barrio por un par de horas. “Seño… profe… ¿hoy hacen fiestita?”, le preguntaban los gurises al verla llegar.

  Los instantes de alegría eran hermosos y muy significativos, debido a que, en sus palabras, fueron “tiempos en los que ser feliz era muy difícil”. El amor es el motor de su lucha y ni siquiera es necesario que lo diga, porque no hay momento en que no se le note en la mirada.

                   




Comentarios